Santana llegó al Moody Center con el Oneness Tour 2026, la gira que comparte este verano con The Doobie Brothers y que recorre 28 ciudades de Estados Unidos y Canadá. Austin fue la tercera de cinco paradas texanas, entre El Paso y The Woodlands.
El planteamiento de la gira es sencillo, incluso la puesta en escena tambien, solo una pantalla Led en el medio del escenario y nada más, y es que no hace falta mayor producción cuando tienes frente a ti a uno de los artistas más importantes de la musica afro latina en la historia. El protagionista aqui es él Carlos Santana quien a sus 79 años toca cada acorde como si fuera el primero en su guitarra o incluso el último y ademas acompañado por una Banda impresionante que lo ha acompañado en la mayor parte de su carrera; destacando su esposa Cindy Blackman Santana en la bateria y en la percusión la otra leyenda Karl Perazzo y en la percusión Paoli Mejías entre otros impresionantes músicos. La tarea no es tan sencilla, lograr un show que recorra su trayectoria que esta llena de exitos que le han dado 10 grammys y múltiples premios y millones de copias vendidas en su momento, y hacerlo en alrededor de dos horas de show.
Pero la noche comenzó mucho antes con la presentacion de The Doobie BrothersSantana quienes comenzaron la noche con un repaso de sus dos etapas: la del rock de guitarras de los años setenta («Rockin’ Down the Highway», «Long Train Runnin'», «China Grove», «Black Water») y la que llegó con Michael McDonald a partir de 1975, más soul y más teclado («Takin’ It to the Streets», «Minute by Minute», «What a Fool Believes»). También tocaron «Walk This Road», de su disco más reciente.
Tras un espera de aproximadamente 45 minutos, cambio en el escenario y alrededor de las 8:50 de la noche comenzo aproyectarse el video intro lleno de los acostumbrados ritmos africanos icónicos de sus composiciones y abrió con «Soul Sacrifice». No es una elección menor. Ese instrumental de percusión es exactamente lo que tocó en Woodstock hace 57 años, cuando tenía 22 y todavía no había publicado su primer disco. Once minutos de congas y timbales bastaron entonces para que la industria lo mirara.
En Austin funcionó igual como declaración de intenciones. Nada de saludos ni de canciones para calentar. Percusión, guitarra y el Moody entendiendo de inmediato qué clase de noche venía.
Detrás llegó «Jingo» y después «Evil Ways», el primer tema con el que entró a las listas de éxitos en 1970.
Los setenta: Abraxas
El bloque siguiente se fue a Abraxas, el disco que lo convirtió en un nombre grande. «Black Magic Woman» encadenada con «Gypsy Queen», como en el álbum, y enseguida «Oye Como Va».
Ese último es el momento donde se explica media carrera de Santana. Tito Puente lo grabó en 1962 como un cha cha cha de salón. Santana lo pasó por el órgano y la guitarra eléctrica en 1970 y lo dejó instalado en la radio estadounidense para siempre. Cincuenta y seis años después sigue levantando estadios sin necesidad de presentación.
Después vinieron «Everybody’s Everything» y «Samba pa ti», el instrumental lento que suele ser el momento más quieto de cualquier show suyo.
La sorpresa llegó en medio del show, sin que nadie lo esperara.
Como suelen ser sus presentaciones, llego a Austin con una gran sorpresa. Santana llamó al escenario a Jimmie Vaughan. Fundador de The Fabulous Thunderbirds, referencia del blues de Austin desde los años setenta, hermano mayor de Stevie Ray Vaughan. Tocaron «Chill Out (Sácalo)» y a continuación un blues shuffle instrumental.
El contraste entre los dos hizo el pasaje. Vaughan toca seco y deja aire entre las notas. Santana ocupa todos los huecos disponibles. Uno responde donde el otro calla, y durante esos minutos el concierto dejó de ser un repaso de éxitos para volverse otra cosa.
No aparece en el repertorio habitual de la gira. Fue un guiño a la ciudad, y el moody deliró con el nivel de talento en escena.
Al final del show llegaron las colaboraciones que lo relanzaron.
De vuelta al recorrido, el último tramo saltó treinta años hacia adelante y subió la intensidad hasta el final.
«She’s Not There» y «Hope You’re Feeling Better» sirvieron de puente, y de ahí el show se instaló en el Santana de las colaboraciones: «The Game of Love», «Put Your Lights On», «(Da le) Yaleo», «Corazón espinado» con la melodía que grabó junto a Maná, «Maria Maria» y «Foo Foo».
Cinco de esas canciones salieron de Supernatural, el disco de 1999 que ganó nueve premios Grammy en una sola noche y que metió temas en español en las radios anglo de este país sin traducirlos ni suavizarlos.
El encore cerró con «Toussaint L’Ouverture», un solo de batería y «Smooth». Terminó a las 10:40, después de una hora y cincuenta minutos.
El ser humano antes que el músico
Uno de los momentos más emocionantes de la noche llego casi al final del concierto donde sin musica, con pocas luces, pero siempre iluminando al público, dejó un mensaje que para muchos quedó marcado como un tatuaje, pues habló del valor que cada quien debe darse como ser humano, de la intensionalidad con la cual tenemos que vivir nuestras vidas, porque como hijos de Dios somos valiosos y no podemos permitir que otros le pongan valor a nuestras vidas «Valida tu existencia cada día, valorate a ti mismo y di siempre yo soy digno» «Todos somos divinos, y estamos llenos de luz porque fuimos creados a imagen de Dios», palabras que hicieron a todos ponerse de pie en una ovación que duro varios minutos.
Pero vale la pena recordar de donde viene Carlos Santana tiene 79 años. Nació en Autlán de Navarro, Jalisco, y llegó a San Francisco pasando por Tijuana, donde tocaba en la calle y lavaba platos antes de que el promotor Bill Graham lo descubriera en una jam session. Lleva más de cincuenta años metiendo percusión afrocubana dentro del rock estadounidense, en una época en que hacerlo no era una decisión comercial.
Diez Grammys, tres Latin Grammys, el Salón de la Fama del Rock and Roll y los Kennedy Center Honors. La lista de premios ya no dice mucho. Dice más el hecho de que en un venue de Texas, medio siglo después, sus canciones sigan funcionando sin que nadie tenga que explicarlas. Sin duda una noche que no olvidaremos.









