Houston amaneció pintada de naranja. Mucho antes de que el árbitro inglés Michael Oliver hiciera sonar el silbato, miles de aficionados neerlandeses convirtieron las calles del Texas Medical Center en una fiesta rodante. La famosa Oranje Fanwalk arrancó desde los predios de Rice University, encabezada por el inconfundible Orange Bus que llevaba días recorriendo Texas, y avanzó kilómetro tras kilómetro bajo el sol implacable de junio hasta las puertas del estadio.

Disfraces imposibles, pelucas rizadas, versiones naranjas de la Estatua de la Libertad y un calor que no perdonó a nadie. «Es la caminata más calurosa en la que he estado», confesaba más de un fanático empapado. Pero ni los 35 grados ni la humedad de la costa apagaron el ánimo. Para muchos hispanos en Texas que se sumaron a la marcha —algunos con boleto, otros solo por vivir el ambiente—, fue la prueba de que el Mundial en casa se siente distinto: el mundo entero desfilando por nuestras calles.

Brobbey, la sorpresa que encendió el partido

Adentro, el técnico Ronald Koeman dio la nota antes del arranque. Sorprendió al dejar en el banco a Crysencio Summerville —goleador en el empate inaugural ante Japón— y apostó por Brian Brobbey como referencia de área. La decisión le explotó de la mejor manera en las manos.

Apenas a los cinco minutos, una jugada por izquierda terminó con un centro raso de Cody Gakpo que Brobbey empujó al fondo. Doce minutos después, calcó la fórmula: esta vez el centro llegó desde la derecha por Denzel Dumfries y el delantero del Sunderland volvió a aparecer para el 2-0. Dos goles en los primeros 17 minutos. Fue el cuarto doblete más rápido en la historia de los Mundiales, una marca que dejó mudo a más de uno en las tribunas del NRG.

Suecia, lejos de hundirse, reaccionó. Los dirigidos por Graham Potter llegaron varias veces sobre el arco de Bart Verbruggen y hasta les anularon un gol por fuera de juego antes del descanso. Por momentos, el marcador parecía estrecho frente a lo que se veía en la cancha.

Gakpo sentenció en el segundo tiempo

La duda duró poco. En el arranque del complemento, Países Bajos liquidó el partido en apenas siete minutos. Primero Gakpo empujó un centro raso del propio Summerville —que había entrado en el entretiempo— para el 3-0. Poco después, un error de Alexander Isak derivó en un contragolpe letal que el delantero del Liverpool definió cruzado para el 4-0.

Con ese tanto, Gakpo igualó a Robin van Persie como el máximo goleador neerlandés en fases de grupo de Mundiales, con cinco. Y completó una rareza estadística: fue apenas la segunda vez que dos jugadores de la Oranje marcan doblete en un mismo partido mundialista, después de Van Persie y Arjen Robben en aquel recordado 5-1 sobre España en 2014.

Suecia maquilló la cuenta cerca de la hora de juego, cuando Anthony Elanga aprovechó un pase filtrado de Isak para batir a Verbruggen. Pero el cierre fue otra vez naranja: en el minuto 90, Summerville sacó un zurdazo desde la frontal para firmar el 5-1 definitivo y desatar la última explosión de júbilo en las gradas.

Una goleada con sabor a historia

Los números terminaron de contar la superioridad: Países Bajos dominó el duelo de goles esperados (xG) por 2.47 a 0.99, pese a que Suecia incluso disparó más veces al arco. Ante 68,777 espectadores, los neerlandeses se treparon a la cima del Grupo F y estiraron a catorce partidos su racha invicta en Mundiales, un nuevo récord histórico en la competición.

Para Suecia, en cambio, fue un golpe duro: su peor derrota en una Copa del Mundo desde aquel lejano 7-1 ante Brasil en 1950, y la primera vez que cae por tres o más goles en el torneo desde la final de 1958.

Lo que dejó Houston

Más allá del resultado, lo que quedó grabado fue el ambiente. La capacidad de una afición para tomarse una ciudad, contagiar a propios y extraños, y recordarnos por qué este Mundial en suelo norteamericano es una oportunidad única para nuestra comunidad. Desde HispanosATX seguimos narrando cada capítulo de esta fiesta para los hispanos en Texas, que cada día se viven el Mundial más de cerca.

La marea naranja se fue de Houston, pero dejó la valla bien alta. Y el torneo apenas calienta motores.

 

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