Una tormenta matutina no frenó la fiesta: miles de aficionados llenaron las gradas para vivir el primer partido del Mundial 2026 en la ciudad, entre el azul de Curazao y la marea alemana.
HOUSTON, Texas. — La jornada arrancó con drama meteorológico. Una fuerte tormenta de lluvia cayó sobre Houston durante la mañana del domingo y complicó la llegada de miles de aficionados al NRG Stadium. Pero el cielo dio tregua a tiempo, y el coloso texano —con su techo retráctil cerrado para garantizar un ambiente climatizado— se preparó para recibir el debut mundialista de la ciudad.

Adentro, el espectáculo no fue solo deportivo. Miles de seguidores de Curazao tiñeron las gradas de azul, con camisetas y banderas de la pequeña isla caribeña que vivía su primer Mundial. Su entrega fue tal que, cuando Livano Comenencia marcó el gol histórico para «La Ola Azul», el estadio se sacudió y la siempre numerosa afición alemana quedó muda por unos instantes.

La celebración germana también tuvo su sello sonoro: tras cada gol de Alemania, retumbó en los altavoces Major Tom, el clásico de Peter Schilling convertido en himno de festejo de la selección. Y cuando el marcador ya estaba resuelto, las tribunas se relajaron y la tradicional ola recorrió el recinto, señal inequívoca de que la fiesta había ganado a la tensión del juego.

El duelo tuvo además un condimento curioso en los banquillos: el joven Julian Nagelsmann, de 38 años, frente al veterano Dick Advocaat, de 78, que se convirtió en el técnico más longevo en dirigir un partido de Copa del Mundo. Y un dato para la historia: Curazao se estrenó como la nación más pequeña en población jamás clasificada a un Mundial.
Para los hispanos en Texas, fue una tarde para presumir. Houston abrió las puertas de su calendario mundialista con un estadio vibrante, diverso y caluroso en lo emotivo, dejando claro que la ciudad está hecha para esta fiesta. Y apenas es el comienzo.



